Todos tenemos un pasado, el traje no es la excepción

El traje hoy, como desde sus inicios, comunica distinción, autoridad y elegancia, lo que sí ha cambiado a través de los años, además de su forma, ha sido el uso y su democratización, por así llamarlo.

En su forma básica, ha existido desde el siglo XVII y adoptó la forma en que actualmente lo conocemos, llegado el siglo XX.
El primer antecedente del saco, se remonta, a la época del rey Carlos II de Inglaterra, quien dio la orden a sus cortesanos de utilizar prendas más sencillas, en un esfuerzo por iniciar una nueva era de estabilidad, marcando el fin de las vestimentas extravagantes que se acostumbraban.
La combinación de camisa, pantalón y casaca en colores oscuros se convirtió en la vestimenta común de aristócratas e incluso de comerciantes.
Con la austeridad y escasez de telas, producto de la primera y segunda guerra mundial, se hizo popular el uso de las telas color gris, y los sacos comenzaron a cortarse rectos, evitando la ostentación. Esta es la forma que trascendió y continúa vigente hasta nuestros días con ciertos cambios dictados por la evolución de la moda.

Los años sesenta se distinguieron por ser la época en que la juventud dictó por primera vez la moda, en lugar de simplemente seguirla. Las tiendas de ropa masculina ampliaron como nunca su oferta, hubo pantalones rectos y ceñidos, trajes ajustados y sin cuello, así como el icónico traje de pana. En el entorno laboral comenzaron a aparecer los trajes estampados, los colores claros y quienes buscaban acentuar su distinción, optaron por accesorios como bastones, guantes y pañuelos en el bolsillo.

La llegada de los setentas fue como una declaración de osadía, los diseñadores dieron rienda suelta a la diversión volcándose a los colores llamativos y reviviendo los cuellos que llevaron hasta la extravagancia. Los pantalones seguían usándose sumamente ajustados, o bien totalmente rectos, en cualquiera de estas opciones, la cintura se mantenía alta.
Otra innovación de la época fue la aparición de bolsillos grandes y vistosos en los sacos.

Los años ochentas coincidieron con muchos movimientos sociales que marcaron un antes y un después en el mundo, de manera que la moda fue utilizada por muchos como forma de expresión.
Esta tendencia se tradujo, en los trajes, con el uso de cortes elegantes, pero rompiendo con lo clásico al sustituir la camisa de vestir por una simple camiseta. El traje deportivo ganó popularidad al ser una de las tendencias más utilizadas para verse elegante sin perder por completo la comodidad.

Tras décadas inundadas de color y estampados, los años noventa fueron una pausa para regresar a lo básico. Si quisiéramos describir la moda de los noventa en una palabra, ésta sería minimalismo, el color negro se convirtió en líder indiscutible por años y las líneas simples y limpias en el sinónimo de modernidad.


Treinta años después, a pesar de que los grandes CEO de las empresas más poderosas han transformado, tal vez sin querer, la vestimenta con la que hay que acudir al trabajo; es una realidad que el traje sigue siendo un icono de elegancia y estilo y no va a morir nunca.
Por el contrario, continúa evolucionando y para ello en Daniel Hechter hemos incorporado tecnologías que logran que tu traje se adapte mejor a tu estilo de vida y te haga sentir excelente al llevarlo.

No dudes en probar y experimentar diferentes estilos, cortes y colores, encontrando los que mejor vayan con tu personalidad.

Hoy como ayer, si quieres ganar en estilo y seguridad, llevando un traje cómodo y de calidad, Daniel Hechter es tu mejor opción.